Si yo soy un detective salido de una novela negra, con humor negro y un poco de manía a las personas de color negro. Excepto a los músicos de jazz de color negro y al cine negro. Que siempre viste de negro, y ve las cosas de la vida de un color negro claro. Ése no es vuestro problema.
Ese problema es mío. Y se respira en el ambiente demasiada felicidad de anuncio de televisión como para que no salga un tocapelotas que joda la estampa navideña diciendo que él no quiere sonreír en la foto. Y no es que tan alta vida espere, pero es que éste es el tipo de misión que no elige mas que la gente con afán de protagonismo y delirios de rareza.
Pues llevo yo unos meses viviendo en el extranjero. En una ciudad preciosa, llena de chicas elegantes que se perfuman cada mañana y cardan sus melenas para luego ondearlas al viento. Y beben vino de cincuenta dólares con carnes asadas. Y en un par de clubs de la ciudad ya me han prohibido la entrada. Por ser negro supongo.
Y he encontrado un club de jazz donde hacen sesiones de estilo libre, sesiones parker los sábados a mediodía. Y se puede uno tomar un sándwich con geranios. Pero aún no me han visto el pelo. El gran aficionado se queda en casa masturbándose hasta tarde y luego no hay quien me la levante. Ni siquiera el Parker.
Y acabo comprándome discos y poniéndolos una semana una vez detrás de otra.
Y aquí todo el mundo es amigo de todo el mundo. Y se sonríe mucho pero se ríe poco. Y la gente se abraza a los desconocidos, como a las farolas. Y todos somos la hostia consagrada. Y nos hemos montado una vida paralela en la que no necesitamos a nadie ni a nada. Y cuando vemos venir a la melancolía o la duda, o al sentido común giramos en la siguiente esquina y nos metemos en el primer bar que pase por ahí y nos pedimos otra ronda. Que mientras no pensemos en nada no se es desgraciado. Porque para ser imbécil no hace falta experiencia. Para ser un desgraciado de los de verdad te exigen estudios superiores y al menos cinco años en el conservatorio. Pero para imbécil basta un cursillo de dos días, sin currículo ni nada. El puesto es tuyo.
Y hablamos dos idiomas o más. Cuantos más mejor. Para hablar de cosas que no le interesan ni al que pregunta ni al que responde, y nos marcamos unos monólogos ordenaditos uno detrás del otro, que al espectador de la segunda fila casi le parecen diálogos de verdad. Y parecemos una obra de Jardiel Poncela con resaca.
Y viajamos mucho. Y acumulamos experiencias irrepetibles a menos que las repitas la semana siguiente. Y conocemos un montón de caras porque los nombres son lo de menos. Y estamos olvidándonos de nuestra vacía existencia con papá y mamá. Cuando éramos nosotros mismos a todas horas y no nos quedaba mas remedio que ser felices.
Y no necesitamos inventar excusas, porque vivimos en una excusa permanente. Y con esa excusa hacemos y deshacemos de nuestra vida un ensayo. Damos envidia a todos los que no han salido de su vida nunca. Y les ha tocado vivirla, sin escapatoria. Ahí todo el día en sus vidas de siempre. De mierda. Y no se han atrevido a montarse una obra de teatro. Y sobreactuar de acuerdo con el guión de que somos los mejores y unos superhéroes con superpoderes y supersticiosos.
Y va a ser una pena dejar esto. Y a la gente que me ha salvado el cuello tantas veces. Todo lo que hemos vivido. Que nos ha hecho cambiar como personas. Y hemos cambiado el punto de vista que teníamos sobre los temas más importantes de nuestra escala de valores. Yo algunas mañanas he pensado que me había realizado como persona al salir de la ducha. Luego me he tranquilizado y he bebido un poco de café y ya se me ha pasado.
Y es que joder. Esta existencia de continuo éxtasis y nirvana agota a cualquiera. Y a veces me toca sentirme solo medio feliz y al otro medio lo pongo a escribir estas mierdas. Para que no se me despeguen los pies demasiado del suelo.
En serio, esto es lo mejor que me ha pasado en la vida. Si es que a lo de antes se le puede llamar así. A ese infierno de rutina y verdad. Y me gustaría agradecérselo a mis compañeros sin los cuales nada de esto hubiera sido posible. Y decir que todos somos ganadores, aunque esta noche sea yo el que esté aquí arriba. Y vosotros ahí abajo. Y por último enviar un saludo a mi madre que ya no la necesito. Pero gracias por todo de todas formas.
Que si me pongo a pensar la cantidad de sitios interesantes en los que he estado y como he dejado mi rutinas atrás me emociono. Y por fin he podido deshacerme de la chica ésa que me quería demasiado. Y de los mismos bares a los que iba siempre, que ya me sabía el menú de memoria. Y el camarero se creía con derecho a servirme el vino sin yo pedirlo. Y menos mal que dejé de lado mi calle porque me aburría tener que saludar al tendero cada mañana. Y mis amigos bueno, esos ya vendrán a verme al paraíso si quieren. Que aquí en babilonia hay sitio para todos.
Por fin he sido libre. Por fin he sido yo mismo. Atrás quedaron tantas mentiras.
¡Por fin!
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