miércoles, diciembre 19, 2007

¡Ay, amor mío, qué terriblemente absurdo es estar vivo! Hoy me he despertado siendo ya de noche. Anoche me acosté bien entrada la madrugada leyendo unas tesis de Paul Lafargue sobre el materialismo histórico. Discípulo y yerno de Carlos Marx que no sabía muy bien lo que quería. Como me pasa a mí también.

Cuando me metí en la cama eran casi las cinco de la madrugada, y me he despertado siendo ya la noche siguiente. Según la teoría podría decirse que he perdido un día de mi vida. Como si para mí, el día de hoy no hubiera existido. Viviendo de noche en noche, y así esperando la siguiente. Sólo me ha dado tiempo de ver los últimos rayos de sol de un atardecer precioso que ha derrotado la nieve acumulada en el poyo de mi ventana.

Lo entiendo como una despedida. Sin rencor. Tú te marchas, pues te voy a mostrar de lo que soy capaz. Y me han puesto delante de las narices un cielo rojo, tiñendo todo el horizonte. Tiñendo de sangre todo lo que alcanzaba a ver. Me he fumado un purito con un vaso de zumo de naranja, y me he quedado escuchando Luis Eduardo Aute, mientras el día se escondía detrás de las montañas que veo desde mi ventana.

Ahora me voy a poner ropa de abrigo y me voy a la ciudad. A pasear por la ciudad. Iré a la tienda de discos a comprar un libro sobre la sicodelia sueca y una botella de vino de alguna parte del mundo, en la tienda de licores de Selgers Torg.

Y esta noche me han dicho que hay una fiesta de gente que tiene muchos amigos. Yo estoy considerando la posibilidad de asistir como público, o quedarme en casa con mi botella de vino. Había pensado dar muerte a todas las velas que tengo metidas en botellas en mi habitación y poner algo de música mientras me bebo la botella hasta que empiece a hablar solo. Mi compañero de piso no va a estar esta noche, así que tengo todo el tiempo del mundo para buscar el mensaje en el fondo de la botella que me convenza de porqué cada vez atardece más pronto.

Voy a intentar ver otra vez el atardecer en el culo de una botella de Cabernet-Sauvignon. Y voy a encadenar un disco detrás de otro, hasta que doctrinas comunistas requieran mi lectura, o me acabe masturbando con fotos de actrices ex-soviéticas.

Atardece que no es poco. Buenos días y buenas noches.

1 comentario:

danifres dijo...

Precioso atardecer sin duda. Atmósfera sobrecogedora en la que uno no sabría distinguir si lo que le rodeaba era aire y micro-partículas de sangre en suspensión o luz haciendo de las suyas con la refracción.