jueves, diciembre 06, 2007

El amor no existe.
Pienso que se lo han inventado los señores que hacen literatura, cine y teatro.
Y el otoño tampoco existe. Es lo que tarda en llegar el invierno. Se lo han inventado los suicidas para justificar sus magnicidios de matarse a uno mismo.
Yo no creo en el amor. Cuando era un chavalito sí. Pero ya se me ha pasado. Y la vacuna me la dieron dos chicas y una mujer, que me dijeron que nunca habían tenido una noche con luna llena, con olas mojándoles los pies, con el aire oliendo a sal y pudriendo los barrotes del hospital de la Malvarrosa. Con unas cuantas nubes para hacer aquello más cuadro de Cezanne todavía. A mí me gusta mucho Cezanne. Fue incluso más valiente que Pablo Picasso. Pero ésa es historia para otro día. Ahora vamos al amor.
Yo creía que las chicas sí querían ser princesas. Y a mí me tocaba ser caballero. Pero con el tiempo y un par de años de terapia, estas señoritas me hicieron caer en la cuenta de que caballero es un ponche y princesa unas bragas. Y me dejé de milongas y me convertí en un tipo duro como está el pulpo antes de hervirlo.
Que no veas lo que cansa ir por la vida con una espada y un escudo. En vez de ir medio en pelotas, como iba yo a mis dieciséis años. Sin jugar partidas de ajedrez antes de echar el primer polvo.
Y ahora sigo sin creer en el amor. Es una broma de mal gusto. Es un sentimiento traicionero, que te muestra lo fantásticas que pueden ser las vueltas que da el globo terráqueo y la vida que te ha tocado vivir. Pero que a menudo deriva y muta como un virus, en celos, dudas, reyertas varias, malentendidos, envidias, odio e incluso en indiferencia los casos más graves que se han diagnosticado.
El amor no sirve para nada. Sólo exige. Nubla la vista. Te pone mariposas en la boca del estómago y pone tu boca roja sobre la mía, y dejó a Antonio Machado escribiendo lo mejor que escribió nunca por las calles de León. Lo estropea todo y lo corroe.
He renunciado al amor. Por considerarlo inútil y sin senso. Aturde al que lo padece. Perturba el juicio, despista el criterio y dificulta severamente el raciocinio. Sentimiento egoista y malnacido donde los haya. Perro callejero que ni siquiera te regala la certeza de saber que lo padeces. Promesas que no valen nada. Se te revela como lo mejor que te ha pasado nunca para quitarte tu esencia como individuo, te obnubila con expectativas, idealizas tu entorno y al ser amado. Le atribuyes poderes sobrenaturales y la facultad de curar a los ciegos. Y el ciego eres tú. Y la ceguera se ha instalado en tu mirada tan poco a poco que apenas te has dado cuenta de que dejabas de ser tú. Que tus opiniones son las de otro, y tus sueños vienen divididos sistemáticamente. Y sistemáticamente piensas más en otro que en uno. Te has convertido sútilmente en un ser evidente.
Yo creo en las personas. No en los sentimientos. Que el amor se hace sexo, y el sexo odio en lo que se vacía una botella de vino. Y yo no pienso dejar de beber. Sería estúpido si entregase todo lo que siento por tí a un concepto tan mezquino. Amar es insuficiente porque amarte es poco. Yo creo en tí y lo que tenga contigo es un asunto entre vos y yo. Y el nombre que le puso la generación del veintisiete a quererte no me sirve. Porque las palabras fracasan nada más las pronuncias. Y es que el verbo sólo tiene una oportunidad de triunfo. Las mejores intenciones mueren vírgenes, como kamikazes enamorados. Porque se dicen menos mentiras con las manos. A mí me gusta cómo me besas y la forma que tienes de dejar morir mis besos en tus labios. Y la ropa está para quitarse poco a poco unas veces, y mucho a mucho otras. Y se puede uno mojar los pies en la playa. Y todo el amor que tengan escrito los libros nos lo damos tú y yo en un fin de semana con una casa libre y un poco de vermú. Y el resto del tiempo podemos pasárnoslo durmiendo.
No te quiero nada.

2 comentarios:

esteldenadal dijo...

Me suena esta charla!
y veo q en el fondo no has cambiado tanto.




Las bragas no tienen xq ser princesa.
Viva las bragas a un euroooooooo!!
;)

jose_real dijo...

simplemente genial, muy bueno