La puta y la ballena. Que vino varada desde la orilla para morir aquí conmigo. Satanás ya no llevaba sotana. Me confieso culpable de pretenderme un ser único. De querer ser bello y tener belleza más allá de mis errores. De mirar hacia abajo y sentir vértigo cuando he tomado demasiados sorbos de sudor. De no ser nada de lo que digo. Soy culpable de quererme demasiado, de sufrirme. De llenar de delirios mi habitación con el humo de un cigarro. De pintar cuadros sin sentido. De creerme con derecho a amarte sin amarte demasiado. A todos vosotros. No os amo, no os he amado nunca. A ninguno de vosotros. Os he mentido. De no decir nunca te quiero. De no haberlo dicho antes. De salir afuera y empezar a andar. Sin ir a ningún sitio. Culpable de no sentir culpa. De odiarme a mí mismo tanto como al prójimo. De sentarme próximo a la gente en los andenes y desear saltar y desear tirarla. Y desear tirarme a la puta de la esquina de la calle del Pez. De salir huyendo siempre que las cosas se ponen feas. De hacerme las maletas y cruzar la puerta de atrás cerca de donde está la alberca. Tengo el equipaje lleno de egoísmo destilado, para salir corriendo en cuanto no me deis la respuesta que espero de vosotros, hijos míos. No entiendo la música clásica. No te entiendo, ni a la mayoría de la gente. No me gustan los telediarios. Ni los diarios. No comprendo lo que leo en estas páginas cuando las leo meses después. No quiero que nadie me diga que le gusta lo que escribo. No quiero ser Yo. Pero a veces no me queda más remedio. Lo siento, mi querido Yo, pero rechazo tu oferta de dar sentido a tus delirios y cobijo a tus expectativas. No voy a meterme en tu piel y padecer tus desmanes. No pienso atender ninguno de tus asuntos. Disculpa que no te lleve el equipaje. Esta vez no. No quiero odiarte. Ni detestar a la raza humana, pero pertenezco a ella como supongo que te pertenezco a ti. Y soy sucia y tú lo eres también. Somos impuros, imperfectos, indignos de ser llamados a la mesa de un dios que hace tiempo que dejó de existir. Que nunca me ha dado la mano ni me ha secado el llanto. Que no me ha querido como yo me he querido a mí mismo. Que soy lo que más he querido en esta vida. Que tengo una vida que me viene grande y se me escapa de las manos, entre los dedos, como arena de playa de un reloj de tiempo pasado; que no fue mejor digan lo que digan los ancianos del lugar. Ni peor. Es pasado como pasaré yo junto a sus ventanas y me dirán que este Abril no hace tanto frío. Y yo no contesto y sigo caminando esperando ganarle a la vida unos segundos más para estar solo y renunciar a ella. E insultarla como se merece. Como la Pécora que todos dicen que es. Y no tener que mirar de reojo a lo me quede por vivir. Que no soy nadie. Nada más que muchas palabras puestas unas detrás de otras. Que sigo sin ser yo aunque me disfrace de desconcierto. Esperando al autobús veintisiete que me de vueltas por la ciudad. Gris y temprana. Y cuando acabe el trayecto pienso pagar de nuevo el billete para hacer otra vez el mismo recorrido exacto. Intacto. Como tu pene lo estaba hace un momento. No soy una puta. Sólo sigo lo que me dictáis que haga y sienta y piense. No llego al final de nada. Al final de escapada no hay ríos de miel. Ni días de vino y cosas. No pienso morir por ti, ni por nadie. No pienso morirme por mí. No soy el proyecto de tu naturaleza Oh Señor. No soy resultado de nada supremo. No estoy aquí por ti ni para ti. Déjame en paz. Y apaga la luz cuando salgas que no me interesan tus lágrimas ni tus quejidos. Querido hijo mío. Delira. Delira en mi ausencia porque por fin te está permitido. Sé bastardo. Decide tu crimen y comételo. Duerme tres días con sus tres noches y decide tu castigo. Y cúmplelo. Purga tu culpa tú solo. No esperes al alguacil para dejar este mundo. La piedad de los hombres no te sirve para sanar tus males. Lo más fácil es morirse por dentro. Muérete. Es gratis. Y sencillo. Sencillísimo. Vivir es lo angustioso e incomprensible. Salta. Y que no te importe la caída porque no te tienes que volver a levantar. La muerte te quiere, está siempre de tu parte, se pasa tus días esperando los suyos. Espera a que la abraces con fuerza y para siempre. La vida es un engaño y la muerte es lo único sincero que tenemos. Lo único que de verdad va a estar ahí para siempre. Vivir no es sino esperar su llegada. Es un instante tardío lleno de esperanzas vanas. No soy digno de que entres en mi casa. Ya no sé ni lo que escribo. Pero sí porqué. Y eso es lo importante.
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