Tengo un amigo que quiere irse a vivir al norte de Europa. Y como ex-suicida que soy y seré siempre, me pidió el otro día consejo acerca de los pros y contras de perder el tiempo en esas latitudes.
Yo no te voy a ahorrar la decisión amigo, porque lo del libre albedrío es la mayor putada que nos regaló dios, darwin o los existencialistas. Así que lo de desequilibrar la balanza vas a tener que hacerlo tú solito. Hasta ahí podríamos llegar.
Lo que sí te puedo decir para no dejarte sin respuesta, aunque te vaya a servir más bien poco como ayuda en tu decisión, es que a pesar de haber maldecido y maldicho a todas esas ciudades que se vanaglorian de ser tristes y entristecer a sus habitantes llenándolos de renta por cabeza e instintos suicidas en niveles superiores a la media, es que a veces, las echo de menos.
No guardo yo un recuerdo especialmente grato de mis meses viviendo en Estocolmo. Y no le debo nada a esa ciudad, ni ella a mí. Y esto ya lo he escrito antes. Pero a veces pienso en ella. Y me sorprendo a mi mismo recordando con una lucidez asombrosa situaciones o incluso hasta diálogos que tuvieron lugar en ese tiempo y ese espacio tan particulares. Y siento algo parecido a la melancolía. No quiero decir con esto que me acostumbrara a una ciudad a la que de antemano había juzgado y condenado casi antes de pisar por quinta vez, la visita que me retendría durante más tiempo; pero a veces pienso en volver. Que no me quedan apenas calles por andar, pero hay muchas que sí me gustaría andar de nuevo.
Los cafés del norte de europa no son gran cosa. Y siento sonar así de contundente y categórico, pero es cierto joder. En cuanto a las personas, pues conocerás mucha mierda; la inmesa mayoría. Y te vendrás con un par o tres números de teléfono de gente de ni se sabe dónde que se habrán salvado de la quema inicial del gran hermano general, pero que con los meses posteriores acabarán también diluyéndose con el menú de tu primera comunión.
Los meses no pasan rápido. Eso es mentira. Ni para la gente que tiene sida ni para los que les toca la lotería. Lo de la percepción del tiempo es una estafa. El tiempo dura lo que pone en los relojes. En punto.
Yo vi muchas películas. Una al día mínimo y días de hasta cuatro. Me he puesto al día en cine. La literatura pesa mucho en un maleta y leer en otros idiomas es una puta mierda que hace la gente para que en el metro le admiren. Follar es complicado. Y las drogas y la bebida, imprescindibles para esas tentativas de bañera y titular son caras, difíciles de conseguir y una puta mierda.
No obstante te animaría a que te fueras. Incluso me plantearía ir a visitarte si no me tienen declarada persona non-grata por la publicidad. Para encontrarte a ti mismo y eso. Porque vas a tener tiempo de charlar con el tipo que realmente eres y llegar a conocerle y hasta tenerle cierta estima. Pero para eso basta media botella de bourbon bebida en la soledad de una habitación con paredes desnudas.
Para compensar un poco mi discurso y una argumentación tan significada con una de las opciones en conflicto, diré que sin embargo lo volvería a hacer. Prohíbe uno que matías se sabe lo de volver donde has sido feliz, pero de donde has sido desgraciado no dice nada.
A menudo últimamente recuerdo mis días en Estocolmo. Y tuvieron que pasar. Fueron necesarios.
Yo he caminado de madrugada, solo, ebrio y fumando un cigarillo por una calle de Estocolmo llena de nieve, dejando mis botas huellas en la nieve, y me he girado a ver la estela de lo que llevaba recorrido.
En cualquier caso, buena suerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario