Fue anoche que no en otra, cuando la pasé contigo.
Suelo escribir de todas las cosas que no he vivido. Que me invento o que construyo desde pequeñas verdades adornadas hasta edificar grandes mentiras que me hagan sonar impresionante.
Utilizo la sinceridad con un deje de torpeza y violencia. Para hacer sonar a más verdad algunas de las cosas que digo.
Me gusta follarte. Por ejemplo.
Complico en exceso las frases, hasta que muchas veces dejan de tener sentido. Precisamente por el jardín al que llevo los conceptos más básicos. Insulto al lenguaje de manera innecesaria, y bebo de donde no debiera por haber bebido ya otros en exceso.
Y cuando quiero hablar de tí no sé. Y hasta en esto hay mentira, hasta en decirte lo difícil que me resulta envolverte en palabras te miento. Y te miento en señal de aprecio, por ser la mentira el mayor halago del mentiroso. La mentira es sublime. Más sabia que el insulto. Cuenta con el engaño a la razón en el juego. Jodido cuanto menos.
Puedo hablar de ti. Y de mi. Y de los dos incluso. Pero queda mejor decir que no hay palabras para tanto amor. Claro que las hay. Hay palabras para todo. Los diccionarios están llenos. Y definirían mejor lo que siento por ti que mi pene erecto.
Te miro y no sé lo que siento. Eso es mentira también. Sé perfectamente lo que siento. Cuantas veces te hayan dicho que hay nudos, mariposas y pérdidas de sentido, te mentían. En el estómago hay sapos y culebras, pero no mariposas.
Me gusta mucho esta ciudad. Y como me has obligado a la comparativa, te diré que me gustas como esta ciudad. Y te he intentado concebir en otras pero no resulta. Me gusta haber vuelto, haber escapado a la espiral de la desidia y ser quien soy intentando ser otro todo el tiempo. Que es lo que hace divertido todo esto. Que no se nos olvide las llamadas, los aeropuertos, las cartas y las notas en los libros. Porque eso nos hizo fuertes. Eso destruye, excepto cuando construye.
No fumo ni bebo más allá de la obligación de sentirme vivo matando un poco de lo mío. No escribo más allá de lo leído. Ni me gusta la lluvia, ni el colacao. Me conoces bien. Y me haces bien.
Y probablemente Luis Eduardo Aute te hubiera dicho mejor toda esta mierda que acabo de escribir.
No puedo escribirte lo que quiero. Así que será mejor que lo dejemos en mentira. Que la verdad ya te la cuento yo en persona.
Y en las dos semanas que llevo viéndote aun no he conseguido escribir nada coherente. Ni decirte mínimamente lo que pienso. Sólo mentirte de vez en cuando. Como ahora.
1 comentario:
pues no te preocupes, tu usa mi método:
me gustas más que...
un gato, un bocata de jamón, levantarse a las 12, los macarrones con queso, ver la tele el domingo, etc.
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