El hombre aparte de lobo es animal de tierra firme.
Y aunque firme en otros lares, no consigue esquivar del todo esa sensación de inestabilidad que se tiene cuando se está en el aire, o en agua.
Cuando bajo tus pies se equilibra el suelo enmoquetado de un ryanair, sabes que aquella nave tocará el suelo. Igual que la nao ensucia su azul oscuro casi verde, sabes que volverás a tierra. Somos de la tierra. Carbono puro y duro. Y la temporalidad te asalta cuando vuelas o navegas. Se te muestra la vulnerabilidad de tus capacidades fuera de tu medio natural. Se te notifica tu condición de extraño. De bienvenido, pero invitado. No existe marinero en tierra. Como no hay caminos en la mar. Ni se hacen caminos al navegar. El mar borrará tu estela. No quedará tu rastro ni tus migas de pan. El mar es eterno y no consiente más eternidad que la suya propia.
Hoy he salido a navegar. Y hacía nunca que no lo hacía, y hará un siempre que lo recuerde. Yo no quiero morirme en el mar, como Rafael. No soy tan lobo para el hombre, ni para el mar. Pero hoy he tenido el mar bajo mis pies, y no más horizonte que el de seguir un poco más allá. He intentado no dejarme llevar, pero es imposible ser del mar cuando apenas le conoces. El mar embruja. Mucho más que el aire. Nos lanzamos a morir en él mucho antes que a despeñar pioneros por los acantilados. El mar inspira. Enloquece. Suicida. Ayuda a la muerte. Atrapa, engulle. Sana a los tuberculosos. Oxida. Corroe. Contempla impasible. No espera nada ni a nadie. No tiene piedad. Se limita a seguir su cadencia. Su ritmo. No le importará llevarte a puerto o hundir tu flota. Mar serena que vencerá a los invencibles, y claudicará ante los imbéciles. Se limitará a ser. A seguir sus resacas, a marcar las lunas. Hasta que le ames tanto que le cambies el género, y la nombres como a mujer. Como a la mar que es.
Algunos vientos vuelven loca a la gente. No véis que ahora vuelvo a escribir.
Como aquel verano que pasamos en una isla. Atrapados. Viviendo entre en el mar y la tierra, día y noche. Anfibios por devoción. Bebiendo agua y durmiendo al raso.
Aquel fue un gran verano. Justo antes de pasar un montón de páginas. y las pasé todas de golpe. Aquel septiembre no vino con nubes. Me cambió la vida. Como me cambia ahora mientras lee esto. Cada minuto.
Obnubila y aturde. Y lo hace. Y léan aquello que dije del amor, que sigue esta estela. Que si la trazo dos veces no es por azar ni por error. Es la voluntad de amar a la mar la que dicta lo dictado.
Sin equívocos hoy me he hecho a la mar del navegante. Navegante no hay caminos sólo rumbos a trazar.
1 comentario:
ma gustao
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