martes, diciembre 04, 2007

Serían poco más de las diez de la mañana cuando llegaba yo a la estación de tren de Flemingsberg. He tomado un café aguado y un bollito de canela que aún estaba medio caliente. He cogido el tren que me llevaba al centro de la ciudad y haciendo un trasbordo he llegado a la estación que tenía marcada en el mapa, que no en la memoria, a las afueras de la ciudad.
En la tele habían dicho que iba a nevar. Pero era mentira. Aquí no tienen ni la seriedad ni el carisma de Maldonado y Montesdeoca.
Apenas a unos metros de la estación de trenes está la entrada al cementerio. Fue diseñado por Asplund, y en honor a la verdad diré que diseñar un cementerio es trazar cuatro rayas perpendiculares en un mapa. Ni más ni menos Lacatrava.
Me ha gustado mucho. Incluso le he sugerido a mi hermano mayor que tras mi muerte deje caer la posibilidad de llevar mis restos mortales allí tras el accidente en la bañera que me baticinó una página güeb de apuestas y predicciones.
Había extensiones enormes de tierra verde sembradas de lápidas de piedra y yedra. Preciosas.
Y entre todas las tumbas estaba una sin fechas de nacer ni morir, ni ciudades ni nada. Sólo llevaba grabado un nombre de mentira. De una chica que vivía en Södermalm y trabajaba en unos grandes almacenes que dan a la plaza de Hötorget.
Greta Garbo.
Hemos meado cerca de allí y nos hemos ido a comer algo caliente.

2 comentarios:

matias dijo...

Ey!, me alegra que al final lo hayas visto. Nosotros estamos en Praga con la Vero pasando mucho frío.
Bueno, sigue así.
Oh,gran hombre negro.

Anónimo dijo...

Yo hice un picnic en el cementerio, cerca de la cruz gorda...
y luego dormi la siesta al sol :)

suena raro verdad?



pd:y bardem?