sábado, febrero 02, 2008

Vengo de comer en La Pepica. He comido una paella entre fotos de gente famosa de verdad, en las mismas mesas que se sentaron Hemingway, Manolete y Di Stéfano. Hemos bebido una botella de la Reserva de Marqués de Cáceres de puta madre y pescaíto y copas de licor para despedir el cotarro.

Me han regalado unos gemelos de oro traídos desde Colombia, justo ahora que yo ya creía que lo único que podía interesarme a mí de aquel país era la cocaína, me han sorprendido con unos gemelos del dios del Sol.
Ha pagado la cuenta el señor del que hablé ayer.

Y en este estado perjudicado he llegado yo a casa y me he servido un copazo de vermú para alargar un poco la alegría antes de volver a pisar la calle para defraudar a otra noche más. Y le he puesto unas velas al altar que tengo yo en mi habitación dedicado a la memoria de Marcelo Mastroiani compartiendo fotografía con la Loren y Federico Fellini. Por lo de los puños cerrados con gemelos digo. Me los he probado en una camisa blanca y me he anudado una corbata al cuello mientras sonaba a toda virolla un disco de Juaquín Sabina por aquello de creerme Steve McQueen.

Fumando un cigarro en la ventana para no llenar todas las paredes de humo ha pasado el carnaval por mi calle y me han entrado ganas de bajarme a festejar con los espantapájaros y las coliflores.

Supongo que a estas alturas llego un poco tarde a lo de ser un superhéroe pero no me faltan intentos de hacer de mi existencia una epopeya de las de cubierta y lomo de piel.

Además ayer recibí una llamada telefónica desde el otro lado del Tirreno para decirme que faltaba yo en una juerga. Al principio yo creía que la llamada venía en conferencia directa desde París, pero no, ahora resulta que se me echa de menos también en el norte de Italia. Y eso a uno le hace estar más cerca del citado McQueen.

Iba a escuchar un poco de jazz, pero al final le han dado mucho por el culo a John Coltrane y me he dejado un poco de la voz canturreando lo que sonaba en mi cadena.

Y es que empiezo a tener ganas de perder las próximas erecciones y salir todos juntos a celebrar la llegada del fascismo bebiendo a vuestra salud con una que me sé yo. Pero claro no me voy a poner a jugar al póquer con una baraja revuelta yo solo contra mi mismo.

Bueno que sigo con mi copa y no os molesto más.

Sean ustedes felices. Tenemos la obligación moral de serlo, o al menos de intentarlo con todas nuestras fuerzas para conseguir tal empresa.

Bebida no nos falta.

1 comentario:

matias dijo...

Que grande eres!
paris, vuelos, pablo secuestrado por su novia iraki...problemillas cotidianos que requieren presta solución.
bon soir!