La inmensa mayoría de las utopías son estúpidas. Son más forma que fondo. Aún no me he leído nada de la isla de Tomás Moro, pero sí algo de uno que decía que las utopías sirven para caminar. Hablaba del viaje que emprende el horizonte cuando ponemos la vista en él. Cada paso que se camina el horizonte se corre un paso más allá. Las utopías sólo sirven para eso, para caminar. Como el futin o el paseo marítimo.
Ya escribí hace unas semanas un artículo no demasiado celebrado en el que apuntaba lo estéril de nuestra generación. La escritura de la porción de Historia que nos ha correspondido a base de inercias y fuerzas no conservativas. Y se enfadaron ustedes recriminándome que tenemos la suerte de vivir un periodo de calma con alguna mujer muerta, algún pasamontañas y poco más.
La juventud es rebelde. La juventud es inconformista. Dicen ellos.
La juventud es estúpida. La juventud es egoísta. Digo yo.
Gracias a ninguna revolución se ha arreglado el mundo. El número de levantamientos políticos, obreros, militares y sociales que han alcanzado sus objetivos de inicio es igual a cero.
La Habana, Pequín, Tibet, París, Praga, Belfast, Euskalherria, Berlín, Tallin. Iros todas a la mierda.
Estafad a otros con pancartas y chaquetas de pana. Jean Paul Sastre no decía más que falsedades y endogamias. Si se ha estado cerca de hacerse bien alguna vez fue con tinta, y nunca con barricadas. Las barricadas caen al llegar la lluvia. Al llegar el siguiente otoño no quedará nada en el Quartier Latin. Y presiento que lo que quieres no es la calle sino una poltrona, como la de los demás. Las calles ya son nuestras, por el derecho de pisarlas sin queda, de desgastarlas con la suelas de nuestros zapatos, sin necesidad de escarbar en busca de playas ni quimeras, puestas ahí como espejismo para que unos caven mientras otros corren.
La pluma y el tintero. Luis García Montero. Los papeles en blanco. Sin horror vacui. El papel es el arma. La palabra, una caja en Hyde Park para ganar algo de altura, y hablar a las coronillas sobre la corona, la libra y el pan. Y aunque suene estúpido y Larriano, no me pienso suicidar. Escriban ustedes. Dejen constancia por escrito de su desazón, de su angustia, la ira es más duradera en un papel. El insulto y el agravio se deben entregar con remite y con acuse de recibo. La piedra amarillea antes que la celulosa.
Leyendo el artículo de Le Monde Diplomàtique que simulaba conmemorar la reflexión abierta cuarenta mayos atrás, me di cuenta de todo esto. No se hablaba de idea alguna. Era todo envoltorio, detalle, todo vago e impreciso. Confío que el francés no distrajera mi interpretación de lo escrito, pero sonaba a eso, a melancolía. La misma que me destruye a mí, corroyendo y corrompiendo la Historia. Que le ocurra esto a un estudiante incauto se entiende, pero al periódico más leído del país que no nos dejaron ser, eso sí que no. Y llegó mi avión.
Me declaro en contra de toda revolución hecha a golpe de golpe y sainete. Con la ayuda de mascaras y pasamontañas. Funden ustedes un magazín, den discursos, convénzanme, y estaré con ustedes. El verbo intimida mucho más que la retina en contra de lo que parezca.
Y ahora he escuchado al Presidente de la República independiente de su casa, que no sirvió para nada, que se pase página. Y lo peor es que es cierto. Que no sirvió más que para editar fotografías, que he comprado en mi primer y ultimo viaje a París. Y levantar el puño religiosamente es tan estúpido como ir laicamente a misa. Los baños de chicas y chicas no son comunes y siguen sin serlo. Tuvimos y tenemos grandes oportunidades para dejar de intentar cambiar el rumbo de los acontecimientos y hacer que el rumbo tomado nos haga llegar a algún lado. Ahora sin estamentos, ni castas, ni caspas, con el neoliberalismo ahogado por sí mismo, con el comunismo guardado en los libros y la nostalgia, podemos hacerlo. Hemos sobrevivido a todos los ismos habidos y por haber. Pero leo los editoriales de las editoriales y parecen querer más seísmos y cataclismos. Para apadrinar a un pensador del primer mundo. Estamos en peligro de extinción. El menor de nuestros problemas es el hambre, la guerra, y Al Gore. El problema es el cometido que se le está reservando al cerebelo para la memoria y los sueños. Todo estéril. Todo inútil. Nada de nuevas, nada nace ya hoy en día, vivimos en una permanente revisión que visita con obscena obsesión el pasado mejor, que nunca deja alzarse de nuevo y caminar donde quiera que sea. Vayamos de una jodida vez allí. Vamos a equivocarnos, pero vamos a hacer algo. Dejad de trazar hipótesis y trayectorias de caída mientras el suelo tiembla bajo el balancín de la mecedora. Llevamos una Historia y media discutiendo donde vamos, vayamos. Y veamos que hay allí; que es esa luz al final del túnel. Moriremos decidiendo si son galgos o podencos.
El puño en alto no levanta ni sostiene nada. Agarra y atrapa con fuerza sólo aire. Y los que lo levanten serán cómplices y adoctrinados de esa estupidez.
Seguid quemando naves, y trazando rayas en los mapas, y pintándoos la cara del color que os digan.
Y en contra de lo esperado por todos, a Mayo le sucedió Junio.
Ya escribí hace unas semanas un artículo no demasiado celebrado en el que apuntaba lo estéril de nuestra generación. La escritura de la porción de Historia que nos ha correspondido a base de inercias y fuerzas no conservativas. Y se enfadaron ustedes recriminándome que tenemos la suerte de vivir un periodo de calma con alguna mujer muerta, algún pasamontañas y poco más.
La juventud es rebelde. La juventud es inconformista. Dicen ellos.
La juventud es estúpida. La juventud es egoísta. Digo yo.
Gracias a ninguna revolución se ha arreglado el mundo. El número de levantamientos políticos, obreros, militares y sociales que han alcanzado sus objetivos de inicio es igual a cero.
La Habana, Pequín, Tibet, París, Praga, Belfast, Euskalherria, Berlín, Tallin. Iros todas a la mierda.
Estafad a otros con pancartas y chaquetas de pana. Jean Paul Sastre no decía más que falsedades y endogamias. Si se ha estado cerca de hacerse bien alguna vez fue con tinta, y nunca con barricadas. Las barricadas caen al llegar la lluvia. Al llegar el siguiente otoño no quedará nada en el Quartier Latin. Y presiento que lo que quieres no es la calle sino una poltrona, como la de los demás. Las calles ya son nuestras, por el derecho de pisarlas sin queda, de desgastarlas con la suelas de nuestros zapatos, sin necesidad de escarbar en busca de playas ni quimeras, puestas ahí como espejismo para que unos caven mientras otros corren.
La pluma y el tintero. Luis García Montero. Los papeles en blanco. Sin horror vacui. El papel es el arma. La palabra, una caja en Hyde Park para ganar algo de altura, y hablar a las coronillas sobre la corona, la libra y el pan. Y aunque suene estúpido y Larriano, no me pienso suicidar. Escriban ustedes. Dejen constancia por escrito de su desazón, de su angustia, la ira es más duradera en un papel. El insulto y el agravio se deben entregar con remite y con acuse de recibo. La piedra amarillea antes que la celulosa.
Leyendo el artículo de Le Monde Diplomàtique que simulaba conmemorar la reflexión abierta cuarenta mayos atrás, me di cuenta de todo esto. No se hablaba de idea alguna. Era todo envoltorio, detalle, todo vago e impreciso. Confío que el francés no distrajera mi interpretación de lo escrito, pero sonaba a eso, a melancolía. La misma que me destruye a mí, corroyendo y corrompiendo la Historia. Que le ocurra esto a un estudiante incauto se entiende, pero al periódico más leído del país que no nos dejaron ser, eso sí que no. Y llegó mi avión.
Me declaro en contra de toda revolución hecha a golpe de golpe y sainete. Con la ayuda de mascaras y pasamontañas. Funden ustedes un magazín, den discursos, convénzanme, y estaré con ustedes. El verbo intimida mucho más que la retina en contra de lo que parezca.
Y ahora he escuchado al Presidente de la República independiente de su casa, que no sirvió para nada, que se pase página. Y lo peor es que es cierto. Que no sirvió más que para editar fotografías, que he comprado en mi primer y ultimo viaje a París. Y levantar el puño religiosamente es tan estúpido como ir laicamente a misa. Los baños de chicas y chicas no son comunes y siguen sin serlo. Tuvimos y tenemos grandes oportunidades para dejar de intentar cambiar el rumbo de los acontecimientos y hacer que el rumbo tomado nos haga llegar a algún lado. Ahora sin estamentos, ni castas, ni caspas, con el neoliberalismo ahogado por sí mismo, con el comunismo guardado en los libros y la nostalgia, podemos hacerlo. Hemos sobrevivido a todos los ismos habidos y por haber. Pero leo los editoriales de las editoriales y parecen querer más seísmos y cataclismos. Para apadrinar a un pensador del primer mundo. Estamos en peligro de extinción. El menor de nuestros problemas es el hambre, la guerra, y Al Gore. El problema es el cometido que se le está reservando al cerebelo para la memoria y los sueños. Todo estéril. Todo inútil. Nada de nuevas, nada nace ya hoy en día, vivimos en una permanente revisión que visita con obscena obsesión el pasado mejor, que nunca deja alzarse de nuevo y caminar donde quiera que sea. Vayamos de una jodida vez allí. Vamos a equivocarnos, pero vamos a hacer algo. Dejad de trazar hipótesis y trayectorias de caída mientras el suelo tiembla bajo el balancín de la mecedora. Llevamos una Historia y media discutiendo donde vamos, vayamos. Y veamos que hay allí; que es esa luz al final del túnel. Moriremos decidiendo si son galgos o podencos.
El puño en alto no levanta ni sostiene nada. Agarra y atrapa con fuerza sólo aire. Y los que lo levanten serán cómplices y adoctrinados de esa estupidez.
Seguid quemando naves, y trazando rayas en los mapas, y pintándoos la cara del color que os digan.
Y en contra de lo esperado por todos, a Mayo le sucedió Junio.
2 comentarios:
cierto. es cierto que no sirvió para que el mundo cambiara. pero tanto mayo del 68, como la revolución de praga, como las movilizaciones contra la guerra de vietnam... sí que sirvieron para demostrar que a nivel mundial la gente podía decir "no, no estamos de acuerdo". creo que se sentaron las bases de lo que es la conciencia cívica. aquella conciencia que hizo que millones de personas en todo el mundo dijeramos no, 35 años después, a la guerra de irak. después de mayo, llegó junio. la derecha ganó con un 60%. y después de un marzo en la calle, llegaron las bombas a la ciudad de las mil y una noches.
después de 40años y una educación que está marcada por la revolución francesa (liberté,égalité, fraternité) y el mayo del 68, los alumnos franceses de los institutos llevan un mes de huelga porque les quitan horas de clase.
realmente crees que no sirvió para nada?
tenemos el derecho a no quedarnos callados e inmoviles. sino, que nos queda?
de todas formas comparto muchas cosas de las que hablas.
un beso
vodita
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas
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