domingo, junio 08, 2008

Superando las deficiencias acústicas de la sala que critico y a la que no dejo de financiar, llenó de canciones una noche en la que yo estaba cansado, pero no abatido.
El que fuera cantante del grupo galego Los Piratas, presentó algo de su nuevo disco, y cantó canciones conocidas y uno o dos grandes clásicos que te hicieron mucha ilusión.
Recuerdo cuando yo era más joven y menos grueso que mi hermano solía escuchar a estos piratas y sus letras enrevesadas en un radiocassete de tomo y lomo. Y también recuerdo del cuarto de al lado, de mi vecino de adolescencia, a otros de Granada, Los Planetas. Y no me han calado demasiado a mí estos últimos, pero si te gustan sí. Pareciera que tú hubieras pasado algunos meses en esta casa por esos años, pues has milimetrado las emociones y la carne de gallina, mientras yo pedía dos cervezas de distinto tamaño.
Grandes canciones que seguro que han llenado noches en coches y descampados en las afueras de grandes ciudades buscando entre los suburbios de faldas mini llegar al centro de la tierra.
Litio, Sodio, Potasio, Rubidio, Cesio y Españo.
No sé exactamente como funciona lo de los derechos de autor, algún día hablaré con el rey del pollo frito para que me lo resuelva, pero anoche pude escuchar canciones de las de la habitación de al lado, de las de fin de la primera parte.
Lo mejor que puedes hacer en un concierto es hablar de macetas, de marcas de café, de animales de compañía, de películas de gángsters, e ir pidiendo cervezas y girarte hacia el escenario de cuando en cuando, cuando la canción que ocupa en ese momento el repertorio realmente atrapa tu atención y desborda tus intenciones de disimular agolpando conversaciones tribiales.
Entonces te das cuenta de que el espéctaculo realmente lo es, y te atrae con fuerza y te hace disfrutar, y te sientes orgulloso de llevar una hora en un refugio antiaéreo sin saber muy bien que día es.
Lo pasé muy bien. Le tengo que dar el aprobado. Y estamos revisando la nota de Enrique González a base de deuvedés, y conciertos grabados a ver si en septiembre le podemos poner un aprobado, que tampoco lo hace tan mal el chico.
Por cierto hace un mes y medio cumplí la mayoría de edad. Cualquier día me hago un hombre y dejo esta metamorfosis hermafrodita a la que me condena mi falta de valor para decir que os quiero.
Y el plural es cobardía.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues yo recuerdo una noche veraniega en la que me dediqué a beber vodkas yo solita cerca del mar, para terminar en la cama cantando todo un disco de los piratas a capella y amenazandote con vomitar si me intentabas mover.

menos mal que me invitaste al concierto, y menos mal que mi método "haz como si pasaras del concierto" funciona a la perfección.