Into the Wild. Hacia rutas salvajes.
Alexander Supertramp camina sereno. Sabe dónde va, y de dónde viene.
Una historia como ésta tiene que tener su sitio. Y éste es mi modo de dárselo.
Cualquier intento de recuperar esa experiencia sería estúpido por mi parte.No existe adaptación posible. El intento es vano.
Mientras todavía me debato entre la admiración y el desprecio, el mito se conforma frente y dentro de mí.
La memoria me oprime el pecho. Me aplasta las entrañas torpemente. Un petate raído y descolorido. Falsearé hasta la vergüenza llevado por la cobardía de estos días y el amparo que me brinda una sociedad que nos impone el placer de dejarnos sólo una opción en la vida. La de conformarnos.
Mucho más allá del estereotipo. Aunque pareciera que todos conocíamos la propia historia o similares. No había visto esto antes. Es apabullante. Incomoda tu existencia. Te hace sentir estúpido viendo la sucesión de los acontecimientos, sin poder ser en absoluto parte de ellos, jamás. Ni de nada parecido. Te despierta los fantasmas, revuelve en tus entrañas unas intenciones desmesuradas, inconcebibles, vacías de realidad. Lo que quisiste hacer y no te autorizaste a ti mismo en la toma de una decisión de esas características. Acongojado por unas consecuencias castigadoras que apartaban la entereza necesaria para emprender algo así.
Alexander Supertamp vence esa congoja y camina sólo. Acompañado por nada. Dejado de sí mismo. Pero no caigamos en el error de colgarle el apellido que no toca. De tildarle de jipi, de suicida, o de alucinado. Su desvarío responde a una crítica pura de la razón. A un desafío a lo extremo desde el propio extremo. Caminar con un rumbo. Con una intención. Nada de nomadismos ni de huidas migratorias. El enésimo intento del hombre sapiens por encontrar las raíces de la felicidad, para poder envasarla al vacío.
Pero esta vez nada le fuerza en su andadura. Se alimenta de la carne. Mata y sobrevive, es natural. No niega sus instintos, es más los potencia. Pero siempre con un tanto de cordura en su enajenación. Dejando señales en su ruta para poder asegurar la vuelta desde su espejismo.
Un espejismo que en esta película le lleva al Norte de América del Norte. Con una mochila atraviesa el país con un cierto aire on the road, revisitándo las etapas de su vida, como las de cualquier otro ser humano.
Hace que me entren ganas de tirar mi vida a la basura. Otra vez.
Alexander Supertramp camina sereno. Sabe dónde va, y de dónde viene.
Una historia como ésta tiene que tener su sitio. Y éste es mi modo de dárselo.
Cualquier intento de recuperar esa experiencia sería estúpido por mi parte.No existe adaptación posible. El intento es vano.
Mientras todavía me debato entre la admiración y el desprecio, el mito se conforma frente y dentro de mí.
La memoria me oprime el pecho. Me aplasta las entrañas torpemente. Un petate raído y descolorido. Falsearé hasta la vergüenza llevado por la cobardía de estos días y el amparo que me brinda una sociedad que nos impone el placer de dejarnos sólo una opción en la vida. La de conformarnos.
Mucho más allá del estereotipo. Aunque pareciera que todos conocíamos la propia historia o similares. No había visto esto antes. Es apabullante. Incomoda tu existencia. Te hace sentir estúpido viendo la sucesión de los acontecimientos, sin poder ser en absoluto parte de ellos, jamás. Ni de nada parecido. Te despierta los fantasmas, revuelve en tus entrañas unas intenciones desmesuradas, inconcebibles, vacías de realidad. Lo que quisiste hacer y no te autorizaste a ti mismo en la toma de una decisión de esas características. Acongojado por unas consecuencias castigadoras que apartaban la entereza necesaria para emprender algo así.
Alexander Supertamp vence esa congoja y camina sólo. Acompañado por nada. Dejado de sí mismo. Pero no caigamos en el error de colgarle el apellido que no toca. De tildarle de jipi, de suicida, o de alucinado. Su desvarío responde a una crítica pura de la razón. A un desafío a lo extremo desde el propio extremo. Caminar con un rumbo. Con una intención. Nada de nomadismos ni de huidas migratorias. El enésimo intento del hombre sapiens por encontrar las raíces de la felicidad, para poder envasarla al vacío.
Pero esta vez nada le fuerza en su andadura. Se alimenta de la carne. Mata y sobrevive, es natural. No niega sus instintos, es más los potencia. Pero siempre con un tanto de cordura en su enajenación. Dejando señales en su ruta para poder asegurar la vuelta desde su espejismo.
Un espejismo que en esta película le lleva al Norte de América del Norte. Con una mochila atraviesa el país con un cierto aire on the road, revisitándo las etapas de su vida, como las de cualquier otro ser humano.
Hace que me entren ganas de tirar mi vida a la basura. Otra vez.
1 comentario:
se convirtio en una de mis historias favoritas, digna de admiracion.
tambien es verdad que nunca habia llorado tanto.
beibiboom
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