domingo, octubre 05, 2008

Nolotil para esquivar el invierno. Mentiras para esquivar a los suicidas que vienen de frente. Muere lentamente aquel que no da un paso para salir del paso.
Todavía dentro de la cama. De vuelta de mi senda de la estampida. Regresado de mi simulacro. De mis rutas salvajes artificiales. Creo que tienes razón. Deberíamos ir a Estocolmo otra vez. Para ver si allí ya es invierno. No me gusta esto de transitar entre el calor y el frío. Tengo ganas de abrigarme en exceso. Del vapor de agua evaporado de mi garganta. Que cuando eres pequeño finges que fumas humo.
Quiero que volvamos juntos. Y además nos servirá de escapatoria para la dosis de realidad que estamos digeriendo a marchas forzadas. Será bueno volar por encima de las nuevas nubes, las crisis y las seis treinta.
No me gusta conducir aunque lo haga por carreteras retorcidas, asustado porque la noche me sorprenda en algún lugar de la provincia buscando la autovía mudéjar que me lleve a una casa verde en medio de la pinada.
Me gustas tú. Y me gusta que haya vuelto esta gente del exilio. Volvamos a ser amigos. No nos queda más remedio que respetar la casualidad de nuestras causas. En honor a la coincidencia de la simetría de nuestras almas, deberíamos seguir caminando al menos hasta la próxima estación, en la que decidamos o no subir a trenes hacia el norte. O perderlos, perdiendo con ellos el Norte.
Cada uno que viva en el apartamento que mejor le dé cobijo, que duerma sobre la almohada que mejor le responda a sus consultas, pero sigamos embriagándonos de hedonismo y filosofía de sobremesa, porque eso alivia como nada el estar tanto solo. Tan sediento.
Ayer sentados en el borde de la piscina, cuando ya empezaba a hacer frío, os estuve haciendo fotos. Todas iguales, repetidas. Bajo mi mirada, estábais sometidos a mi objetivo. Os quiero a todos. Más que querer es necesidad. Egoísmo por ese alivio, por el no pensar en nada cuando me tumbo contigo a hacer de hotel en Amsterdam. De soñadores.
Fría cuando te marchas.
Tenemos que volver a Estocolmo. He soñado que caminaba por la calle de los leones de piedra. Que le jodan a lo de al lugar donde has sido feliz...bla, bla, bla. Tuve la inmensa fortuna de no saber lo feliz que estaba siendo en esa ciudad en esos días, que puedo volver cuantas veces quiera sin miedo a estropear las páginas de la melancolía. El guión de caos que tracé me dejará este invierno volver, incluso a Flemingsberg a caminar entre nieve, y sentir el vapor de agua saliendo de mi garganta. como cuando eres niño y finges que fumas. Pues igual.
Y el agua, los puentes, una ciudad descansada sobre islas, un mapa ininteligible imposible de aprender. No entendía por dónde iba. Quiero volver con todas mis fuerzas. Y que haya luces en la estación central. No era consciente de lo feliz que era. O quizás sí. Ahora veo lo mucho que te he querido estando allí. No echo de menos echarte de menos, pero si echo de menos que tú lo hagas. Al final tendré que seguir soñando y dejarme el trabajo y viajar hacia el Norte contigo, y vivir en una sociedad que nos deje ser lo más humanos que ha conseguido este experimento. Voy a coger muchos trenes en breve. Los veo venir y estoy pensando qué destino le vendrá mejor a mi melancolía.
Este invierno volveremos a ir a Estocolmo. Al escenario de tanto bueno.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hipster wapo, buscame un "pan" para el finde largo de diciembre