Como casi toda mi generacion de paul auster, haruki murakami, bicicletas a los cines albatros, sudaderas con capucha y mochilas Eastpack; he exprimido los autobuses, las lou cos y los trenes por la costa. Y he estado en Noruega, Dinamarca, Suecia viviendo, monte parnaso, Londres, milan, roma, Nápoles, Barcelona, Sabadell, cuenca, Toledo, alicante, castellon, aeropuertos en Teruel, Madrid, el fib en verano, rusia, munich, colonia, Edimburgo, Lisboa, porto, el carmen, estonia, islandia, Finlandia, Zaragoza, Ibiza y Formentera, Cornualles y tu cama.
Pero de todos estos lugares visitados unos con prisa otros por apenas horas, me quedaría con la ciudad que me diera cobijo entre tus muslos. Habitante y persona ingrata lejos de tus voces en la noche. Sobrepeso en tu espalda.
No he cruzado el charco aunque he planeado viajes a nueva Cork, a mi buenos aires querido, y he oido hablar de cuba, de Polonia, de Grecia, de lituania, praha, buda y pest, de los trenes de rumania, el barco que cruza hasta capadocia. Y en todos recuerdo como gratos los dos minutos que duro buceando por el túnel de tus piernas, entre Córdoba y mai pun.
Al final va ser costumbre acostumbrarse a pasar frio, hambre y sueño en hoteles de cinco estrellas y taxis mercedes, a noches durmiendo en el suelo y comiendo aguja de sajonia en lata.
Dime el destino de tu quimera y llévame allí con billete de ida sin regreso al futuro. Y no te pondré reparos ni remilgos en ser un animal de compañía enseñado a lamer tu mano cuando me lo pidas. Pero tendrás que garantizarme que podré penetrarte como lo más profundo que te voy a llegar a conocer. Con póliza de polizón que va a estar esta vida contigo y parte de la otra sin echarte de menos. A menos que en el limbo haya barra libre de melancolía Express. Y este prohibido sumirse en un te quiero y no te puedo.
Vete donde quieras pero déjame ir contigo. O iré de igual modo sin tu beneplácito a hacer de mi vida algo habitable, entre tus muslos.
Pero de todos estos lugares visitados unos con prisa otros por apenas horas, me quedaría con la ciudad que me diera cobijo entre tus muslos. Habitante y persona ingrata lejos de tus voces en la noche. Sobrepeso en tu espalda.
No he cruzado el charco aunque he planeado viajes a nueva Cork, a mi buenos aires querido, y he oido hablar de cuba, de Polonia, de Grecia, de lituania, praha, buda y pest, de los trenes de rumania, el barco que cruza hasta capadocia. Y en todos recuerdo como gratos los dos minutos que duro buceando por el túnel de tus piernas, entre Córdoba y mai pun.
Al final va ser costumbre acostumbrarse a pasar frio, hambre y sueño en hoteles de cinco estrellas y taxis mercedes, a noches durmiendo en el suelo y comiendo aguja de sajonia en lata.
Dime el destino de tu quimera y llévame allí con billete de ida sin regreso al futuro. Y no te pondré reparos ni remilgos en ser un animal de compañía enseñado a lamer tu mano cuando me lo pidas. Pero tendrás que garantizarme que podré penetrarte como lo más profundo que te voy a llegar a conocer. Con póliza de polizón que va a estar esta vida contigo y parte de la otra sin echarte de menos. A menos que en el limbo haya barra libre de melancolía Express. Y este prohibido sumirse en un te quiero y no te puedo.
Vete donde quieras pero déjame ir contigo. O iré de igual modo sin tu beneplácito a hacer de mi vida algo habitable, entre tus muslos.
1 comentario:
daviz y elvira paseando junto al micalet un dia que llovía.
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