Un cuento infinito.
Había una vez una estrella que vivía en un cuerpo de chica. De ahí que se la conociera en toda la galaxia como chica estrella.
Y había esa vez un demonio no muy malo que vivía en el cuerpo de un niño. Le gustaba que le llamaran el niño terrible.
La chica estrella y el niño terrible no se conocían e iban por las corrientes circulares de una galaxia menor cabalgando velozmente. Nunca se cruzaban, nunca se habían visto, ni siquiera sabían de las andanzas el uno del otro.
Para que sepáis mejor lo que en realidad ocurrió, os diré que la chica de las estrellas era muy lista y muy divertida. Además había elegido un traje de chica pequeñito pero molón. Con carrillos rojos y culo de melocotón. Sabía de todas las ciencias y un poco de las artes de la galaxia que habitaba. Conocía cómo calcular las distancias, todos los segundos, podía adivinar casi el futuro. Sabía los caminos más cortos, las lunas con mayor energía, y los sitios de comida más sana de todas las constelaciones.
El pequeño niño terrible en cambio no sabía casi llegar a los sitios, y llegaba tarde. Se entretenía con todo, se despistaba con las luces y se perdía. Le gustaban más las artes que las ciencias. Corría veloz alborotando todo. Siempre haciendo dibujos de mapas que inventaba y ponía los planetas y los soles donde él quería y convencía a todos de ir allí. Jugaba a disfrazarse y a comer jamón serrano.
Hasta que un día la casualidad o quizás no, quiso que ambos se juntaran en el kilómetro uno del resto de los veranos. Y se dieron cuenta de que con los poderes de uno y otro podían hacer que la galaxia fuera redonda. Los dos querían una galaxia redonda porque cansa menos, las distancias máximas son finitas pero los recorridos posibles infinitos. La luz quedaría atrapada por la fuerza de la gravedad y siempre sería verano con olor a limón, y horchata, y a jazmín y a sal.
Nadie en toda la galaxia creyó en ellos, era imposible que una estrella con culo de chica y un terrible siendo niño pudieran hacer la inmensidad de la galaxia redonda, y por extensión la vida de todos sus habitantes.
Juntaron sus poderes, todo lo bueno y útil de uno con todo lo positivo y producible de otro y cerrando los ojos con toda la fuerza del interior plegaron el tiempo y el espacio como una tienda de campaña y consiguieron que la galaxia fuera redonda.
Por eso la tierra es redonda. Y todo el universo.
Por eso el queso de bola es redondo.
Lo consiguieron la chica estrella y el niño terrible con sus poderes juntados para siempre. Para que la vida fuera redonda. Como un culo, o un bicho de bola.
Había una vez una estrella que vivía en un cuerpo de chica. De ahí que se la conociera en toda la galaxia como chica estrella.
Y había esa vez un demonio no muy malo que vivía en el cuerpo de un niño. Le gustaba que le llamaran el niño terrible.
La chica estrella y el niño terrible no se conocían e iban por las corrientes circulares de una galaxia menor cabalgando velozmente. Nunca se cruzaban, nunca se habían visto, ni siquiera sabían de las andanzas el uno del otro.
Para que sepáis mejor lo que en realidad ocurrió, os diré que la chica de las estrellas era muy lista y muy divertida. Además había elegido un traje de chica pequeñito pero molón. Con carrillos rojos y culo de melocotón. Sabía de todas las ciencias y un poco de las artes de la galaxia que habitaba. Conocía cómo calcular las distancias, todos los segundos, podía adivinar casi el futuro. Sabía los caminos más cortos, las lunas con mayor energía, y los sitios de comida más sana de todas las constelaciones.
El pequeño niño terrible en cambio no sabía casi llegar a los sitios, y llegaba tarde. Se entretenía con todo, se despistaba con las luces y se perdía. Le gustaban más las artes que las ciencias. Corría veloz alborotando todo. Siempre haciendo dibujos de mapas que inventaba y ponía los planetas y los soles donde él quería y convencía a todos de ir allí. Jugaba a disfrazarse y a comer jamón serrano.
Hasta que un día la casualidad o quizás no, quiso que ambos se juntaran en el kilómetro uno del resto de los veranos. Y se dieron cuenta de que con los poderes de uno y otro podían hacer que la galaxia fuera redonda. Los dos querían una galaxia redonda porque cansa menos, las distancias máximas son finitas pero los recorridos posibles infinitos. La luz quedaría atrapada por la fuerza de la gravedad y siempre sería verano con olor a limón, y horchata, y a jazmín y a sal.
Nadie en toda la galaxia creyó en ellos, era imposible que una estrella con culo de chica y un terrible siendo niño pudieran hacer la inmensidad de la galaxia redonda, y por extensión la vida de todos sus habitantes.
Juntaron sus poderes, todo lo bueno y útil de uno con todo lo positivo y producible de otro y cerrando los ojos con toda la fuerza del interior plegaron el tiempo y el espacio como una tienda de campaña y consiguieron que la galaxia fuera redonda.
Por eso la tierra es redonda. Y todo el universo.
Por eso el queso de bola es redondo.
Lo consiguieron la chica estrella y el niño terrible con sus poderes juntados para siempre. Para que la vida fuera redonda. Como un culo, o un bicho de bola.
1 comentario:
no tengo cuenta por eso comento como anonimo amm los hipsters son como los emos una moda mas de mierda y por tus fotos te ves ya muy viejo por ahi de mas de 22? Y YA ESTAS RUCO y tienes bastantes pelos en el culo para estas pendejadas peeeeeeeeeero siguelkas haciendo amo la gente como tu porque me hacen reir :D gente con modas XD jijijiji
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